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Los Grobo en los Medios

10 Junio, 2019
La OPEP de la soja
La soja es el commodity agrícola que exhibió la mayor tasa de crecimiento en las últimas tres décadas. La expansión se aceleró notablemente en la última década: en el 2010 la producción mundial era de poco más de 200 millones de toneladas. Hoy está llegando a las 400.

Por Hérctor Huergo. Publicado en clarin.com

El mayor ritmo de crecimiento se da en Sudamérica. Hace diez años Brasil y Argentina, juntos, alcanzaron a los Estados Unidos. Prácticamente no había otros jugadores, desde el lado de la oferta, mientras la demanda crecía a los saltos en particular en los países emergentes. En particular, China, que se convirtió en una verdadera aspiradora de soja.

La transición dietética, desde una dieta rica en féculas y vegetales hacia una mayor propensión al consumo de proteínas animales, motorizaron el fenómeno, típico de las sociedades que mejoran su poder adquisitivo. La harina de soja es un componente fundamental del alimento que consume todo bicho que camina y va a parar al asador.

Y el aceite sigue la misma tendencia: recordemos al Kentucky Fried Chicken (pollo frito) de la plaza de Tiananmen, primera franquicia de comida rápida de una empresa de los EEUU en China. Recién instalada, en 1989, fue la Jabonería de Vieytes de los jóvenes que se rebelaron contra el régimen hace exactamente treinta años. Además, la carne siempre sale con fritas.

Así, China expresa prácticamente la mitad de la demanda mundial de soja. Pero la necesita todo el mundo, desde los viejos consumidores europeos, que hicieron la transición dietética hace diez mil años y la pintaron en las Cuevas de Altamira. Las pinturas rupestres muestran toros.

El camino de la soja hizo que la Argentina encontrara una extraordinaria oportunidad. La dilapidó la impericia K, entretenida en otros afanes. Pero el yuyo se apretó contra el suelo para aguantar el pampero, y ahí está, vivito y coleando. En silencio, se levantó la mayor capacidad de molienda (crushing) del mundo, con mega plantas de última tecnología, que procesan 20.000 toneladas por día (800 camiones) y pusieron al país en la vanguardia mundial de harina y aceite. Estados Unidos y Brasil exportan fundamentalmente poroto sin procesar.

Así como a fines del siglo XIX la demanda de carne vacuna de la Inglaterra de Dickens motorizó la primera Revolución de las Pampas, la demanda de proteínas animales activó la Segunda, que tenemos el privilegio de protagonizar. Y el deber de alertar, porque los contrarios también juegan.

En estos días, algunos economistas volvieron a poner en juego una añosa idea que pergeñaron, hace quince años, el brasileño Roberto Rodrígues (factótum de las política públicas agroindustriales desde la era de Fernando Henrique Cardoso) y el gran productor y pensador argentino Gustavo Grobocopatel: la OPEP de la soja.

Tomando la experiencia de los países petroleros, liderados por el mundo árabe, la intención era manejar la oferta de modo de “defender” los precios. La idea surgió cuando la soja valía menos de 200 dólares la tonelada. Pasó al olvido cuando el mercado, solito, la llevó a 600 en tres o cuatro años.

Ahora, que ronda los 300, alguien ha vuelto a ponerla sobre la mesa. La propuesta es coordinar con Brasil para controlar la oferta, de modo de hacer subir los precios. A mi juicio, es una propuesta temeraria.

La OPEP sorprendió al mundo en los 70 sin posibilidad alguna de sustituir al petróleo. Pero Occidente se ocupó enseguida de encontrar la forma de salir del cepo. Al final del día, el envalentonamiento sirvió para acelerar el fin del reinado. Se desarrollaron fuentes alternativas de energía, desde las renovables hasta el vigoroso proceso del shale.

Con la soja el chiste puede costar mucho más caro. Cuidado. Continuará…

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