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Los Grobo en los Medios

11 Mayo, 2018
Multiplicadores de semillas: un rol que está para más
Es el eslabón, entre las empresas biotecnológicas y los productores, que acondiciona los granos de especies autógamas (trigo, soja, etc.) para siembras de mayor calidad.

En el negocio de la producción de semillas de trigo, cebada y soja (especies autógamas) en la Argentina existe un eslabón fundamental de la cadena que son los multiplicadores, también llamados cooperadores.

Se trata de los encargados de incrementar la semilla original provista por los semilleros obtentores, producirla a campo, procesarla en plantas de clasificación y vendérsela a los productores como bolsas certificadas, en envases de 40 kg preferentemente o en big bag como una alterantiva que viene creciendo en las ultimas campañas.

Los cooperadores son oficialmente más de 300 y están repartidos a lo largo y ancho del país, pero solamente unos 10- 12 (EBC; Los Grobo, Pelayo, La Bragadense, F y D, El Azul en Tucuman, Agro Nasaja, La Belgica, San Diego, Viel, Cooperativa de Arequito, de Coronel Bogado, de San Justo ,entre las más importantes) están en el segmento superior de los que suelen multiplicar más de 100.000 bolsas certificadas de soja. En el otro extremo los más chicos certifican entre 3.000 a 5.000 bolsas La mayoría de los cooperadores de soja son también multiplicadores de trigo, aunque algunos pocos solo hacen soja (sobretodo en el norte del pais) y son muy pocos los que hacen solo trigo y cebada.

Una gran parte de los principales multiplicadores están instalados en la zona Núcleo, algunos en el oeste y sudeste de Bs. As., otros en Córdoba y Entre Ríos y muy pocos en el NEA y NOA.

No existe una figura definida que englobe o personalice el perfil de este empresario; muchos son acopiadores, algunas son cooperativas que atienden principalmente la demanda de semillas de sus socios, algunas son empresas comercializadoras de insumos con sucursales en diversas localidades, pero pocas son las empresas que se dediquen exclusivamente a la multiplicación.

En nuestro pais se necesitan en la actualidad cerca de unas 30 millones de bolsas de 40 kg para sembrar las casi 18,5 millones de hectáreas de la última campaña, tomando un promedio nacional que indicaría que se estarían utilizando unos 65 kg de semilla/ha. Este valor es inferior al de hace 10 años cuando se sembraban en promedio 78 kg/ha. Parte de esta reducción tiene que ver con la mejora en los coeficientes de logro y en la calidad de semilla que se viene empleando.

En Argentina viene mejorado mucho en estos últimos años todo el proceso de multiplicación. Cada vez se hacen mejor las cosas a campo, y una gran cantidad de plantas se han profesionalizado, con maquinaria de última generación. Los laboratorios trabajan cada vez mas integrados con los multiplicadores y pasaron a ser un socio fundamental.

Existen dos factores más importantes que modifican todos los años los porcentajes de uso de bolsas legales, en un torta de porcentajes en la que puja con la “bolsa blanca” (comercio informal) y el uso propio. Uno es la renovación genética de materiales por parte de las empresas (los años de lanzamientos de variedades exitosas y muy ganadoras tanto en trigo como en soja hacen que se disparen las ventas de bolsas legales). En segundo lugar talla la condición climática: cuando el año viene complicado, al productor le resulta mucho más difícil obtener calidad y suele recurrir a la compra legal en un comercio.

Con todo, el cooperador/multiplicador de soja y/o trigo es un engranaje fundamental en la producción de semillas en nuestro país. Son empresas pymes repartidas en todo el país, que han incorporado modernas maquinarias de tecnologías de clasificación y curado. Además cuentan con un gran desarrollo profesional (ingenieros especializados en la producción de semillas) en las tareas de campo, como en los técnicos involucrados en los proceso industriales dentro de la planta.

Laboratorios y curado profesional

El curado industrial desde origen es una tecnología que crece mucho más lento que lo que se esperaba cuando arrancó hace ya algunos años. En general los productores que prueban con la “semilla lista para usar” nunca más vuelven a curar por su cuenta en el campo; pero a pesar de eso la adopción de esta tecnología tarda en arrancar. Si bien es un poco más caro que el curado tradicional en el campo, las ventajas radican en que se aceleran los procesos para el sembrador, se manipula la semilla de un modo profesional y se utilizan dosis exactas que cubren a todas las semillas por igual y garantizan calidad.

Hay muchos laboratorios que analizan la calidad de la semilla, distribuidos en todo el país, pero son menos los reconocidos oficialmente por los semilleros obtentores que aprueban que la semilla esté en condiciones de comercialización según las normas vigentes del INASE.

Los laboratorios son indispensables para evitar que la semilla que no logro calidad no llegue a las plantas, para monitorear la calidad durante el almacenaje y sobre todo para aprobar la calidad una vez que se finalizó con todo el proceso de clasificación y curado.

Además del PG y del Cold test, los análisis de pureza y fitopatológicos son fundamentales para reconocer la calidad final de la simiente y recomendar un correcto uso de fungicidas y densidades.

Con estas herramientas tecnológicas, los multiplicadores son responsables de la comercialización del 25% y el 30% de las bolsas de soja y trigo necesarias para sembrar la totalidad de la superficie de dichos cultivos en el país, respectivamente. En el mediano plazo ese número debería crecer al doble, producto de la posible entrada en vigencia de una nueva Ley de Semillas aggiornada a las condiciones actuales de producción (ver recuadro), a la llegada de nuevas tecnologías, a un mayor control por parte del INASE y la AFIP de las declaraciones de uso propio de los productores, y de la practicidad en un modelo que tiende a ser más eficiente con la logística de despachos y con la oferta de una semilla lista para usar.

Se requiere, por otra parte, una mayor cantidad de actores comprometidos con este crecimiento y una mayor demanda con productores dispuestos a involucrarse en los convenios de multiplicación.

Para la foto de hoy, la apuesta pasa principalmente en seguir creciendo en escala, incrementar la capacidad de almacenaje, fomentar un mayor uso del big bag, o del granel en el caso del trigo, y tener mejores centros de tratamiento de semillas con curadoras de última generación.

En suma, se trata de una industria que viene apostando desde hace tiempo, que espera con expectativa la llegada de la nueva Ley de Semillas, y que busca mejorar continuamente tanto su producción a campo, como en los procesos dentro de la planta, y en la logística de distribución eficiente de la semilla.

Estos actores son elementales en esta cadena y saben que deben responder tanto a las normas y calidades de las empresas de genética, como a la calidad exigida por sus clientes, los productores; pero aceptan con hidalguía este exigente desafío.

Y están preparados para crecer.

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Por Ing. Agr. Guillermo Alonso (Asesor Técnico Venta y Posventa de Los Grobo Agropecuaria) - Especial para Clarín Rural.

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