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Los desafíos de estos tiempos demandan que se coordinen y alineen visiones y acciones de toda la sociedad, especialmente desde las empresas y el Estado, que son las organizaciones donde la energía del hombre tiene más consecuencias sobre la vida cotidiana.
Nuestro desafío es darle a la humanidad seguridad alimentaria, desarrollar actividades en armonía con la naturaleza y el combate a la pobreza y todos ellos pueden ser resueltos si podemos alinear el trabajo del sector privado y el público ya que la complejidad y profundidad de los mismos requieren un abordaje sistémico, que integre además la sociedad en su conjunto.
Creemos que estamos en el lugar adecuado -Las Américas- y en un sector y momento adecuado, ya que la demanda de nuestros productos crecerá en cantidad y calidad durante las próximas décadas. Tenemos un compromiso con los habitantes de este mundo para su provisión en tiempo y forma.
No hay otra región en el planeta que tenga las condiciones de las Américas para proveer los alimentos que se demandarán y las materias primas para la construcción, la vestimenta, medicinas, y otros múltiples usos.
La región es una amplia plataforma fotosintética que convierte sol y agua en múltiples productos que salen de nuestros valles, llanuras, bosques, montañas, mares y ríos. Tenemos agua abundante y barata, mucho más que el resto del planeta. Pero sobre todo tenemos una cultura sobre cómo cultivar, que proviene de la América ancestral y remota, adquirida y mejorada por las migraciones recientes.
Sobre estos fundamentos nos encontramos cabalgando en una convergencia tecnológica sin antecedentes y sin límites conocidos. La biotecnología permite diseñar plantas transformándolas en “fábricas” que absorben CO2 y utilizan la energía solar. Son la base de una nueva revolución industrial verde que ocurrirá en las zonas rurales de nuestro continente. Serán acompañadas por una nueva química, la microbiología que domestica a microorganismos y por las tecnologías para sembrar sin remover la tierra. Por primera vez en la historia “agricultor” no es sinónimo de “labrador”y podremos entregar a nuestros hijos suelos mejores de lo que los recibimos. La robótica, la agricultura de precisión, la nanotecnología, la gestión basada en la inteligencia artificial, la internet de las cosas, el aprendizaje de las máquinas y la uberización de la logística y los servicios, cambiarán las formas de organización, la división del trabajo y del uso de los activos.
Los pueblos de las Américas debemos recibir estas transformaciones con esperanza y auto transformarnos para internalizarlas. Los empresarios tenemos el desafío de crear ecosistemas de negocios sustentables e inclusivos, integrando actividades complejas y diversas. Por ejemplo la integración de los agronegocios con la gastronomía, el turismo y servicios especializados basados en IT que convergen para hacer estos productos más competitivos y sus tentables. Los desarrollos económicos deben incorporar el lenguaje de la vida, debemos comunicarnos con la naturaleza creando un vínculo sinérgico, de más vida y diversidad. Deben converger también los mundos, las culturas de la ciencia y la empresa y el estado debe facilitar estos flujos.
Pero no estaremos condenados al éxito, debemos prepararnos. Los empresarios, los Estados y las organizaciones de la sociedad, debemos trabajar juntos para hacer este proceso con esperanza, incluyendo a las mayorías, generando progreso para muchos e inclusión para todos.
Necesitamos, también, de instituciones de este siglo y un Estado de este tiempo: Un Estado facilitador, constructor de bienes públicos, un Estado que aprenda y cambie permanentemente. Un Estado que lidere las transformaciones y las transforme en una gesta colectiva.
Estos procesos de transformación deben ser conducidos y orientados en el marco de un propósito claro. ¿Cuál es el sentido de este proceso?. No debemos perder de vista que si no creamos bienestar con dignidad nuestros esfuerzos y acciones pierden razón de ser. El resultado de este trabajo no debería ser medido en función de lo que damos sino por lo que la gente recibe, incrementando sus capacidades. Según Amartya Sen, premio nobel de economía, estas son: ser más libre, más autónomo, más empleable, más emprendedor, más solidario y más saludable. Si logramos crearlas a través de nuestras acciones estaremos en el camino correcto, si no lo hemos logrado hay que corregirlas.
No podemos estar distraídos, no sólo hay que caminar en la dirección correcta, también hay que hacerlo lo más rápido posible.
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